Ciencia Ficción
Mañana me levantaré muy temprano, tengo un montón de cosas que hacer (me visualizo en cada acción):
En lugar de encender el primer cigarro antes de poner el pie en tierra firme me prepararé un zumo de naranja y limón con agua tibia (como mandaba Bruce Lee) que disfrutaré estirándome en la terraza. Después de los estiramientos procederé a hacer mis ejercicios de Pilates, no porque quiera moldear mi cuerpo, ya me acepto tal y como soy y me respeto; sino porque es bueno para la salud, mantiene a raya las enfermedades cardiovasculares y los niveles de muchisísimas cosas en sangre (todavía no he fumao).
Después, cafelito no muy cargado y a la ducha. Por supuesto, me pondré crema hidratante algo más cara que la del Mercadona y un maquillaje discreto y natural, sólo para tener buena cara y disimular imperfecciones.
Ahora es cuando me permito un cigarro mientras repaso mi apasionante agenda. Me lanzaré a la calle, currículo en mano, para ofrecerles mis servicios como boticaria a todas las magníficas farmacias de la ciudad (por tercera vez). También llevo una memoria de mis actividades como diseñadora de vestuario teatral, por si acaso veo alguna boutique en la que puedan necesitarme.
De vuelta a casa, compraré algo de pescado (que tiene omega-3 y fósforo que va muy bien para lo mío) para preparar un almuerzo nutritivo a la par que ligero.
Cogeré a Greta y saldré a darle un paseo al sol mientras leo un par de periódicos para tener una información contrastada de la situación nacional y mundial. Igual me fumo otro cigarro.
Almuerzo rápidamente mientras escucho la radio, porque la televisión es una basura y a mí no me interesa nada la vida privada de las personas. Segundo cafelito, tampoco muy cargado y a clase, a aprender el oficio de estilista, que es algo muy práctico y con cantidad de glamour.
Cuando termine mis clases volveré a casa sin sucumbir a la tentación de tirar pa la Marisma a tomarme una jarra de cerveza refrescante (es que tampoco bebo cerveza ya). Como mucho, un vinito en alguna inauguración de una exposición de algún artista modernísimo y homosexual al que, una vez terminada la obra, se le derrama el cubilete de agua sucia de los pinceles encima del papel y convierte un buen dibujo en una obra de maestra.
Tempranito a casa. Baño relajante con burbujas y sin champán, como mucho, el tercer y último cigarro del día. Cena a base de fruta y queso fresco y media hora después (como cuando era pequeña en la playa, pa que no se corte la digestión) a la camita.
Un libro apasionante, (nada de autoayuda, ya no lo necesito, repito que me acepto y me respeto) y a dormir plácidamente mis ocho horas correspondientes, para cargar las pilas ante el trepidante mañana que se me plantea…
Lo mismo llevo diciéndome desde hace dos semanas, a ver si a fuerza de repetírmelo, soy capaz de hacer aunque sea el diez por ciento de lo que me propongo. Si las cuentas no me fallan, creo que hoy sólo he sido capaz de ver el vídeo de Pilates sin estremecerme, pasear a Greta y no ir a la Marisma…
Si esto parece medianamente gracioso, esperad a que me dé por contar mis propósitos para los fines de semana, sólo adelanto que están cargados de paseos bucólicos, conversaciones tan elevadas como trascendentales y sexo incandescente…
casi mejora el guión de la guerra de las galaxias…!
cómo que casi?…
¿Seguimos como siempre, eh? Jajajaja. Hay cosas que nunca cambian y entre ellas está el deseo de cambiar. Jajajaja.