Monday, January 12, 2009

Ya no me asomo a la reja

Éste año, más que nunca, vida nueva. Por cojones.
El día de Nochebuena unos cacos a los que tendré que darles las gracias cuando se me pase el mal rato, me hicieron ver a golpe de pico contra la puerta de mi (ex)casa, que el albayzin bajo es mu bonico de ver y tapear, pero no es un sitio para vivir sin tener el corazón en un puño. Aún estando las fiestas navideñas por medio, he encontrado un nuevo hogar que me flipa (veo el hotel ese naranja con la torre del oro al lado, si, ese, los granatensis lo llamamos el Palah).
Uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo tiene.
Las vueltas a la antigua keli a por maletas eran como entrar en un universo paralelo: hasta que no he pasado una noche en el barrio nuevo no me he dado cuenta de que me estaba perdiendo un montón de cosas tan simples y tan baratas como que te despierte la luz del sol o  no esquivar fluidos varios y variados en tu propia calle. Total, que estoy absurdamente alucinada de tener un barrio normal y una casa normal. Casi por primera vez para mí, normal no es mediocre.
También agradeceré a mi (ex) jefa que me invitara a irme de la (ex) botica con la excusa de que no me podía pagar (jajajajajajajajajaja). A mí la farmacia  me molaba, pero no tanto como para ir todos los días por cero leuros, para eso me voy a un bar, que ponen tapas, puedes fumar y leer el periódico. Sale un poco más caro, pero en salud mental compensa.
Como para ir a los bares y que la señorita del final del Mercadona te deje llevarte las cosas que has puesto en el carro hace falta dinero, acepté una oferta de trabajo en otra botica más grande, más chula, informatizada y en la que gano casi lo mismo que en la anterior trabajando la mitad de horas. Guay, no?
Cambiar de casa, trabajo y peluquero (esa es otra historia que no viene a cuento) en la misma semana puede ser estresante, pero como todo ha sido a mejor, intuí que era una especie de señal divina que me ponía en bandeja cambiar más cosas que inevitablemente irían a mejor y me harían ser más normal (insisto, que no mediocre) y tener de camino una vida más agradable aún si es que se puede.
Es por todas éstas razones por las que el 30 de Diciembre a las 17.43 minutos, en un opel astra burdeos, propiedad del Sith Alvary, yo, la auténtica y genuina Flamencólica, cogí un cedé que se titulaba “beatles complete mp3″ y lo introduje en la estrecha ranura del lector de cedés del citado coche. Así, sin anestesia ni nada. Vamos, valiente, quién dijo miedo habiendo hospitales. Ya lo has puesto, no hay vuelta atrás. Todas mis buenas intenciones se condensaron en ese viaje de mudanza. Todos mis chackras, o como coño se escriba, estaban abiertos. O cerrados, no sé, como tienen que estar para el buen rollo, la apertura de mente y dejar los fantasmas, las historias chungas y toda la mierda atrás. Os lo juro. Estaba más preparada que nunca para si no amarlos, por lo menos cambiarle el nombre al blog o no tener que hacer ningún tipo de comentario en voz alta aunque me pillen en el hilo musical de Hacienda.
Suena la primera canción ante los atónitos oidos de The Dude y el Sith Alvary, mis compañeros de mudanza. Me muerdo la lengua durante 15 segundos hasta que no puedo reprimir un “no se quieren parecer un poco a Elvis?”. Sorprendentemente la respuesta de The Dude fué “claro, ellos siempre quisieron ser como Elvis”. Que revelación! A partir de ese momento, fuí aflojando un poco la supermegaultrabuenaintención a la par que ellos fueron desgranado temas (en orden cronológico) y claro, mientras menos se parecían al Rey, menos me molaban.
Cuando llegamos a la calle Molinos (mi nuevo hogar, me he hecho greñúa!) ya habían pasado unos 30 temas de los niños, reconozco que a algunas coplas no les dí más de medio minuto de margen, pero es que me parecían un rollo.
Y no hay manera. Puedo cambiar de todo, pero, alabando las sabias palabras de la Comadre, hay cosas que por mucho que lo intente y que me esfuerce no cambiarán jamás. Por suerte o por desgracia. No puedo con ellos. Seguiré mascullando blasfemias cada vez que se crucen con mis orejas. Seguiré sugiriendo otra versión cuando me pidan cantarlos.
Pero ahora puedo decir que lo he intentado. Con casi todas mis fuerzas. En definitiva: he intentado ser normal pero no me sale…

P.D.: Ni que decir tiene que la primera canción que sonó en mi nueva morada fué For Once In My Life, de el Gran Maestro Stevie

Posted by flamencolica at 23:48:22 | Permalink | Comments (9)